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Fotógrafo en Semana Santa... Patente de corso ( 21 abril 2011 )
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Parece ser que fue en el Tratado de Lisboa, en 1856, cuando quedó abolida la Patente de Corso, ese documento oficial con permiso para hacer fechorías varias con real beneplácito.
Es cierto que en cuanto comienzan los desfiles de la Semana Santa Salmantina, los fotógrafos invaden las calles como si hubieran recuperado aquellas prebendas regias que, en esta caso por llevar una cámara de fotos al cuello, les permiten ocupar, disponer, estorbar y molestar.
Se puede llegar a entender que los profesionales del sector, que viven de eso y su medio les paga por ello, irrumpan en la procesión para obtener unas instantáneas que llevarse a la boca y mostrar en los distintos audiovisuales; pero lo que ocurre en las calles salmantinas con muchos de los que llevan una cámara entre sus manos está empezando a rayar la anarquía más absoluta.
Usted puede llevar una hora esperando la llegada del desfile que, en cuanto menos se lo espera, se le planta un individuo cámara en mano y se apodera de su sitio y de su visión sólo por el hecho de llevar un aparatito que saca instantáneas; o puede disfrutar de una procesión atropellada y bulliciosa de fotógrafos a la caza de la postal única, que se cruzan, mezclan e instalan.
Es evidente la plasticidad de las imágenes semanasanteras, sus rincones y sus luces que invitan a pulsar una y mil veces el botón en busca de la imagen soñada; pero, si bien es lícito, la finalidad de tanto fotógrafo no es otra que presentar unas cuantas instantáneas al concurso fotográfico que se convoca cada año y, parece que, eso implica perder el respeto a todos los que participan de la Semana Santa Salmantina, sea cual sea la motivación que les ha llevado hasta allí.
Al final, todos llevaremos la cámara de fotos como salvoconducto para entrar y salir del desfile para nuestro provecho, beneficio y antojo.
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