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Desidia y olvido en la Catedral Vieja ( 13 ene 2011 )
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Una de las maravillas más impresionantes, que puede disfrutar cualquiera en su visita a Salamanca, es la Catedral Vieja, aunténtico estandarte del arte medieval español, con sus transiciones del románico más puro al gótico más internacional, coronado con el portentoso retablo de los hermanos Dello y Nicolas Delli. La cita es altamente recomendable y, aunque a la sombra de Ieronimus y la Catedral Nueva, bien vale pagar su entrada para poder recorrer un capítulo de la historia más importante de Salamanca.
Ahora, a lo que ocurre dentro del recinto, le podríamos poner un nombre entre la sorpresa y la indignación y calificar el entretenimiento catedralicio al que se está expuesto ( en cuando uno cruza alguna de sus puertas ) con una retahíla de adjetivos como alarmante, preocupante, sonrojante, y unos cuantos antes más.
Nada hace presagiar que, tras pagar la entrada, serán espectadores ( o partícipes ) de un lamentable panorama por la dejadez catedralicia y la sinvergüencería turística. La despreocupación y falta de vigilancia, seguramente asociada a la falta de personal, conceden a los visitantes ( locales o no, nacionales o no ) una oportunidad única para ofrecer uno de los peores y deplorables espectáculos que se pueden contemplar en un monumento de la envergadura de la Catedral Vieja. Los visitantes campan a sus anchas, hacen fotos ( con o sin flash al gusto del consumidor ) y toman vídeos a diestro y siniestro en las zonas no habilitadas, se suben por bancos, sillas y tronos ( no lo hacen por las paredes por no contradecir las leyes de la gravedad ) tocan, soban, y manosean cuadros, esculturas y todo lo que se pone a su paso.
Uno se tendría que pegar con media humanidad para dejar airosas las paredes, pinturas o figuras, que acompañan a las capillas catedralicas, de las manos de los visitantes. Tenemos constancia de que el espectáculo ha llegado a extremos insospechados con evacuación de restos corporales líquidos ( ¡¡¡ y sólidos !!! ) en alguno de sus rincones.
Mientras tanto, dónde están los responsables de este monumento, qué hacen para detener la desidia por su custodia y a qué esperan para tomar las medidas pertinentes que le devuelvan su esplendor. Algún día lamentaremos la pérdida de patrimonio de la muy pequeña, oscura y baja Catedral Vieja y nos llevaremos las manos a la cabeza y aunque será tiempo de buscar responsables y pedir que rueden cabezas, llegará tarde para el patrimonio salmantino.
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